La última sesión de la semana era exactamente igual a la de todos los viernes a esa hora desde hace ya un buen tiempo… El tic tac del segundero es el único sonido que corta el silencio en el consultorio.
El Dr. Santana reprime un bostezo.
Mientras tanto, Ernesto está en el diván desde hace 12 minutos, sin pronunciar palabra, como ya se ha hecho costumbre.
El Dr. Santana intenta encontrarle sentido al grado de resistencia que ha presenciado durante la última sesión de los viernes en los últimos siete meses… se da cuenta que aún, de alguna manera, no lo ha podido superar.
Ernesto decide dejar de observar el techo silenciosamente y cierra los ojos… Su esposa Gabriela es lo primero en lo que piensa… continúa callado.
Santana intenta nuevamente enfocar su tren de pensamiento… Sabe muy bien que Gabriela se encuentra en el núcleo de este freno.
Ernesto recuerda su matrimonio con Gabriela hace ya seis años, al inicio los momentos de armonía que fueron tornándose en una rutina que poco a poco acabó con los instantes de espontaneidad y las manifestaciones de cariño, hasta llegar a una completa abstinencia sexual, motivando a que empezara a asistir a terapia.
De igual manera el Dr. Santana enfoca su atención en Gabriela… el motivo de consulta inicial para empezar el proceso terapéutico… los problemas maritales… pero no puede tolerarlo…
A Santana le duele recordar cómo no pudo controlar su atracción hacia ella, hasta el momento en el que le confesó, luego de ocho meses de análisis, que no podría seguir atendiéndola, ya que a pesar de intentarlo, la subjetividad se había apoderado de él, quería seguir viéndola, pero ya no como terapeuta… quería ser algo más…
Gabriela se sorprendió, sintiéndose inicialmente decepcionada y traicionada, declinando enérgicamente la propuesta que Hipólito Santana, su psicoanalista, le estaba haciendo.
Desde ese día, el Dr. Santana no ha vuelto a saber de ella… pero se resiste a ver pacientes en la hora en la que atendía a Gabriela, los viernes de 6:30 a 7:20 de la noche, sentándose en la soledad de su consultorio a pensar en silencio, recordando… imaginando…
Ernesto se levanta del diván de la sala de su casa, descansado y feliz, agradeciendo a los ocho meses de terapia de su esposa, que le devolvieron la vida a su matrimonio… y agradecido también a esa excentricidad de Gabriela por comprar semejante mueble para la casa… le ha agarrado el gusto a descansar en el diván a diario durante media hora…
Ernesto se acerca a su mujer y le da un beso…
Mientras tanto, en silencio, Gabriela piensa “qué hubiese pasado…”









